Orlando Pérez|

Conforme se acerca la campaña electoral, y la elección presidencial, el aparato mediático conservador toma distancia de Lenín Moreno, no solo porque su credibilidad está por los suelos, sino fundamentalmente porque ya decidieron apostar por su candidato: Jaime Nebot Saadi (aunque Guillermo Lasso cuente con mucha inversión en algunos medios y con ciertos periodistas a su servicio).

Son los mismos medios y periodistas que avalaron la fraudulenta e inconstitucional Consulta Popular de febrero de 2018 y que, unidos a opinólogos abiertamente anticorreístas, alabaron y colocaron en los “altares de la política” a Julio César Trujillo. Y son, exactamente los mismos personajes, quienes ahora, con su discurso, acusan a Moreno y a sus ministros de seguir utilizando la “matriz persecutoria” del gobierno anterior. Esgrimen, incluso, comentarios del tipo: “Moreno es la continuación de Correa por otros medios”. 

No solo se trata de una figura política en acelerada caída de credibilidad, popularidad y confianza. Moreno no es alguien con quien se pueda dialogar sobre escenarios de transformación, cambio político a favor de nuevos horizontes económicos o que simplemente garantice un “refrescamiento” del discurso. Por el contrario: los empresarios más sensatos, los analistas con algo de decencia intelectual y los medios internacionales con credibilidad ven en Moreno a un presidente que “patina” en cada intervención improvisada, ante la ausencia del teleprónter; a ministros con una precaria condición política y una deficiente presencia intelectual; a embajadores con ansias de hacer negocios y favorecer a los amigos de Carondelet; y a medios públicos con una orientación para nada periodística. 

Lo que en realidad hacen estos medios (como dejar de publicar fotos de Moreno junto a su vicepresidente) es elevar la imagen de su candidato presidencial para el 2021: Nebot. Y para que crezca esa candidatura tienen que hablar mal del actual gobierno y de su principal autoridad. 

Si es cierto aquello que se cuenta del almuerzo entre María Paula Romo y Jaime Nebot, en el cual, ante el pedido de ayuda para cuidarse de un eventual futuro gobierno correísta, el exalcalde le respondió que debía cuidarse ella sola por todo lo que ha hecho desde octubre para acá, entonces ya sabemos por qué los medios, analistas, entrevistadores y agenciosos “líderes de opinión” han empezado a tomar distancia del gobierno de “transición”.

Pero también hay algo real y concreto: el país está muy mal, en muchos aspectos, y no precisamente por culpa del gobierno anterior. Si Correa dejó el gobierno con crecimiento, los organismos internacionales pronostican cero crecimiento en este y los siguientes dos años. No hay inversión extranjera; el consumo está por los suelos; la inversión pública, en el peor nivel de los últimos 10 años; y la política económica, sin luces ni certezas, por decirlo elegantemente. Y con ese panorama nadie quiere salir a defender a quien colocaron en los altares, desde que Moreno rompió con Correa y supuestamente venía a “restablecer las libertades”.
Obviamente a Nebot no le salen bien las cosas (en parte, también, porque su heredera en la Alcaldía de Guayaquil ha tomado distancia y ha alejado a los socios de su antecesor y mentor). Ahora, el candidato mide cada salida e intervención porque en vez de crecer se congela en las encuestas. Pero, para remontar, cuenta con un aparato mediático a su favor, con la misma pasión, entusiasmo y religiosidad que tenían con Moreno durante todo el año 2018 y hasta octubre de 2019.

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