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Coca Codo Sinclair: Un escenario sin su operación (y por qué protegerla es clave)

¿Qué ocurriría si la central hidroeléctrica más grande del Ecuador dejara de generar de forma prolongada? En los últimos años, el sistema eléctrico ha rozado el colapso en más de una ocasión, y en cada una de ellas Coca Codo Sinclair ha sido el activo que evitó que la situación se desbordara. Analizar ese escenario no es alarmismo, es la manera más honesta de dimensionar el valor estratégico de esta infraestructura y de entender por qué su protección debe ser una política innegociable.

Para medir el impacto de una posible parada, basta con revisar los números. Coca Codo Sinclair aporta entre el 25% y el 30% de toda la energía que consume el país. En momentos críticos, su participación se ha disparado: en abril de 2024, cuando el estiaje golpeaba con fuerza, llegó a contribuir con el 51% de toda la energía hidroeléctrica nacional. Si esa fuente desapareciera de un día para otro, el sistema perdería de golpe más de un tercio de su capacidad de generación hidráulica, un vacío que ninguna otra central puede llenar en el corto plazo.

Los especialistas han sido categóricos. Fernando Salinas, presidente del Colegio de Ingenieros Eléctricos, advirtió que, si la central dejara de operar, el país “volvería a los apagones de 8 a 10 horas diarias. Sería una calamidad”. Esta advertencia no es teoría: en octubre de 2024, fallas en la línea de transmisión provocaron desconexiones masivas que afectaron a Quito, Guayaquil, Loja y otras ciudades, dejando a miles de ciudadanos sin electricidad por varios minutos. Fue un recordatorio de que incluso incidentes localizados en la infraestructura asociada pueden desencadenar efectos en cadena sobre todo el Sistema Nacional Interconectado.

En 2024, el país enfrentó la peor sequía en seis décadas, con racionamientos de hasta catorce horas diarias y pérdidas económicas estimadas en 1.916 millones de dólares. Coca Codo Sinclair, fue el pilar que impidió un colapso aún mayor.

La recuperación de 2025 demostró lo que la central da cuando se invierte en ella y su mantenimiento. Entre junio y septiembre de ese año, CELEC EP ejecutó un mantenimiento mayor en las unidades 1 a 4, recuperando 750 MW y devolviendo a la central su capacidad total de 1.500 MW. En septiembre, Coca Codo Sinclair alcanzó un récord histórico de generación mensual de 841.123 MWh y llegó a aportar el 41% de toda la energía del país en un solo día. Esa temporada, Ecuador incluso pudo exportar electricidad a Colombia, revirtiendo momentáneamente una dependencia histórica.

La central es de pasada: depende directamente de los caudales del río Coca, que han mostrado una volatilidad rfeciente. Entre el 11 y el 23 de marzo de 2026, el caudal promedio cayó de 258,46 a 132,33 metros cúbicos por segundo, una reducción de casi la mitad en menos de dos semanas. A esto se suman la fragilidad de las líneas de transmisión. En este contexto de déficit hídrico y suspensión de importaciones desde Colombia, el sistema eléctrico se encuentra nuevamente en un punto crítico.

Si Coca Codo Sinclair dejara de generar en una coyuntura como la actual, las consecuencias serían inmediatas. El país perdería su principal fuente de energía limpia y económica, la que hoy evita la emisión de 4 millones de toneladas de CO₂ al año y le ahorra al Estado alrededor de 700 millones de dólares anuales por la sustitución de combustibles fósiles. Para cubrir su ausencia, habría que recurrir masivamente a generación térmica —más cara y contaminante— o a importaciones, que en este momento no están garantizadas por las tensiones comerciales con Colombia. El déficit resultante obligaría a racionamientos severos, con un impacto directo en hogares, industrias y las finanzas públicas.

La lección es clara, la Operación de Coca Codo Sinclair exige que se priorice su mantenimiento, la protección ante amenazas geológicas y la inversión en tecnologías que mitiguen la sedimentación. La recuperación de 2025 demostró que, cuando se la cuida, la central responde con creces. El país no puede permitirse volver a aprender esa lección de la manera más dura. Porque si algo ha dejado claro la última década es que, cuando Coca Codo Sinclair funciona, el sistema se sostiene. Si llega a dejar de producir, todos sentimos el golpe. Fin

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