El embalse de Amaluza registró una caída de 7,61 metros en una sola jornada, un descenso sin precedentes en los datos disponibles que evidencia la presión sobre el sistema hidroeléctrico ecuatoriano y el estrecho margen operativo para sostener la generación eléctrica.
Pese a la rápida reducción del nivel del embalse y de la altura de caída del agua, la central Molino logró mantener nueve turbinas disponibles cerca de su potencia nominal durante aproximadamente ocho horas. Una unidad permanece en mantenimiento mayor. Sin embargo, durante la última hora de la jornada ya se observó una pérdida de potencia, en medio de las limitaciones para sostener la generación.
Ante este escenario, Mazar comenzó a turbinar y a entregar agua para compensar el descenso de Amaluza. La operación refleja la dependencia entre los embalses y las centrales del sistema hidroeléctrico, así como las dificultades para mantener la generación cuando disminuyen las reservas de agua disponibles.
La presión también se evidenció en Coca Codo Sinclair. Desde las 19:00, la central comenzó a dosificar el agua de su embalse compensador y, hacia las 21:00, sus reservas se habían agotado. A partir de entonces, dependió del caudal de ingreso para continuar operando. Su potencia cayó de 859 a 793 megavatios (MW), luego a 702 MW y finalmente a 665 MW. La reducción de la generación, sumada a las limitaciones de Mazar, habría obligado a disminuir la demanda eléctrica para mantener el equilibrio del sistema, aunque este último efecto requiere confirmación.








