El desarrollo de proyectos fotovoltaicos sobre cuerpos de agua ha dejado de ser una innovación marginal para convertirse en una herramienta estratégica dentro del diseño moderno de sistemas eléctricos resilientes y sostenibles.
En el caso ecuatoriano, la reactivación del proyecto solar flotante en el embalse de la central hidroeléctrica Mazar representa un paso relevante hacia la diversificación tecnológica de la matriz energética, en un momento crítico caracterizado por el crecimiento sostenido de la demanda, las limitaciones hídricas estacionales y la necesidad urgente de fortalecer la infraestructura energética con soluciones técnicamente robustas y financieramente viables.
El concepto de instalación de paneles solares flotantes en Mazar, originalmente planteado en 2023, cobra hoy nueva vigencia debido a su potencial para aportar generación firme y estable durante los periodos de estiaje, sin requerir expansión territorial ni comprometer áreas agrícolas o urbanas. La ubicación en el embalse permite aprovechar una infraestructura ya existente —en términos de acceso, conexión a red y logística— mientras introduce ventajas operativas adicionales, como la reducción de la evaporación del recurso hídrico, un beneficio no marginal en condiciones de estrés climático prolongado. La empresa pública CELEC ha estimado una capacidad inicial de 100 megavatios (MW), con posibilidad de ampliación en función de evaluaciones técnicas posteriores, y una inversión cercana a los USD 100 millones, bajo esquemas de alianza público-privada.
La incorporación de este tipo de soluciones no puede desvincularse del imperativo de recurrir a tecnologías de punta, provistas por actores con experiencia comprobada en integración a gran escala. Empresas como SHC, que ya han demostrado su capacidad tecnológica en la implementación de proyectos de gran complejidad, como Coca Codo Sinclair, ofrecen garantías tanto en términos de rendimiento como de estabilidad operativa. La participación de consorcios tecnológicos de clase mundial no solo garantiza estándares elevados en la ejecución, sino que además facilita el acceso a mecanismos de financiamiento internacional, alineados con los objetivos de transición energética y reducción de emisiones asumidos por Ecuador en los compromisos multilaterales.
El caso de Coca Codo Sinclair es ilustrativo en este sentido. Su desarrollo no solo representó un hito en capacidad instalada, sino también un precedente en la incorporación de ingeniería avanzada, sistemas de automatización, y control a gran escala. Esta experiencia debe ser replicada y actualizada en los nuevos proyectos renovables, aprovechando las sinergias entre tecnologías hidroeléctricas y solares para configurar esquemas híbridos de operación, con curvas de generación complementarias que aumenten la cobertura de la demanda durante todo el año. El embalse de Mazar, en particular, ofrece una plataforma ideal para implementar este tipo de modelos híbridos, dada su localización geográfica, condiciones técnicas y conectividad con el sistema nacional.
A nivel operativo, la integración de una planta solar flotante en Mazar puede aportar una generación significativa durante horas de alta radiación, justamente cuando la producción hidráulica tiende a ser más limitada en escenarios de estiaje. Esta complementariedad reduce la necesidad de recurrir a generación térmica de alto costo marginal y disminuye la presión sobre los embalses, extendiendo su autonomía y mejorando los indicadores de eficiencia del despacho nacional. Además, al tratarse de generación distribuida sobre una infraestructura ya en operación, se reducen sustancialmente los plazos y riesgos asociados a los procesos de licenciamiento ambiental, adquisición de terrenos y construcción de nuevas líneas de transmisión.
Desde el punto de vista estratégico, proyectos como el de Mazar flotante deben concebirse como componentes estructurales dentro de un nuevo paradigma de expansión eléctrica en el Ecuador: uno que no se limite a responder de forma reactiva a los déficits estacionales, sino que configure una matriz robusta, adaptable y capaz de incorporar tecnología de frontera con agilidad institucional y respaldo financiero global. La apertura a este tipo de inversiones requiere, por parte del Estado, un marco normativo claro, seguridad jurídica para los actores privados, y una planificación energética alineada con los objetivos de largo plazo en sostenibilidad, competitividad y confiabilidad.
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