La reconocida comunicadora y activista Carolina Jaramillo Garcés, conocida por su voz crítica y sin ataduras frente al poder, ha sido nombrada vocera del gobierno de Daniel Noboa. Su trayectoria como una figura independiente en el debate público ecuatoriano la ha convertido en una referencia incómoda para distintos sectores políticos. Ahora, desde un cargo oficial, la gran incógnita es si logrará mantener esa independencia.
En un comentario escrito por la académica y poeta Mónica Velásquez, se destaca la paradoja de este nombramiento:
“Carolina Jaramillo llega al poder sin haberle temido nunca. La gran pregunta es: ¿podrá seguir siendo incómoda desde dentro?”
Jaramillo ha denunciado con firmeza los abusos del poder, sin importar su color político. Ha cuestionado a figuras como Rafael Correa, Fernando Villavicencio, María Paula Romo, Patricio Carrillo, Guillermo Lasso y José Serrano. También ha sido crítica de periodistas alineados con los gobiernos de turno, como Carlos Jijón, Christian Zurita y Martín Pallares.
Con sensibilidad y firmeza, ha defendido causas sociales. Tras el asesinato de los niños en Las Malvinas escribió:
“Nadie debe olvidar el rostro de estos niños”.
En medio del escándalo de los chats de Villavicencio revelados por La Posta, fue tajante:
“Vivimos en un apagón moral. Una Fiscalía silenciosa. Un sospechoso silencio de algunos medios de comunicación, periodistas y autoridades del Estado. ¿Se les fue la luz o la moral?”
El nombramiento de Jaramillo representa una apuesta del gobierno por incorporar una voz con credibilidad ciudadana, pero también plantea una tensión evidente: ¿podrá la voz incómoda resistir la seducción del poder?
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