A diciembre de 2025, el 62% de los hogares ecuatorianos —alrededor de 3,2 millones— apenas logra cubrir el 50% del valor de la canasta básica, según datos de la Encuesta Nacional de Empleo, Desempleo y Subempleo (ENEMDU). El cálculo se realiza a partir del ingreso per cápita del jefe de hogar, multiplicado por un promedio de 1,6 perceptores de ingresos por familia.
El panorama revela profundas brechas. Según un informe del sitio Aecuatoris mientras ese 62% apenas cubre la mitad de lo necesario para satisfacer necesidades básicas, un 15% de los hogares alcanza el 75% del valor de la canasta, y solo el 22% logra cubrirla en su totalidad o superarla.
Estas cifras contrastan con el supuesto de que las familias ecuatorianas perciben un salario básico unificado más décimo tercer y décimo cuarto sueldo, lo que en teoría permitiría cubrir la canasta básica. Sin embargo, la verificación de los datos evidencia una realidad distinta: millones de hogares enfrentan dificultades para llenar el refrigerador —cuando lo tienen— o recurren al endeudamiento para sostener la alimentación mensual.
En muchos casos, la comida de un mes termina pagándose en tres, lo que explica la expansión de créditos ofrecidos por cadenas de supermercados.
Pero la desigualdad no solo se expresa en la precariedad. En el otro extremo están los denominados “megarricos”, con ingresos promedio de 261.000 dólares mensuales. Con ese nivel de ingresos, una sola persona podría adquirir 318 canastas básicas en un mes, lo que equivale a aproximadamente 26 años de necesidades básicas cubiertas.
Las diferencias son abismales y reabren el debate sobre política salarial, impuestos a la riqueza y el rol del Estado en la protección social. La discusión no se limita a garantizar la subsistencia, sino a crear condiciones para que la mayoría de las familias ecuatorianas pueda cubrir lo básico como punto de partida hacia una vida digna.








