La distancia entre el discurso político y la realidad cotidiana de los ecuatorianos se amplía. La Encuesta Nacional de Opinión Pública de diciembre de 2025, elaborada por Intellectio, muestra un país con alto nivel de malestar social, una responsabilización directa al Gobierno y una crisis de confianza en las instituciones.
Según los datos, el 67% de la ciudadanía califica la situación del país como mala o muy mala, frente a un reducido 4% que la considera buena. El resultado confirma un clima social adverso, marcado por frustración, incertidumbre y agotamiento frente a la situación económica y de seguridad.
El Gobierno, en el centro de las responsabilidades
Uno de los hallazgos más relevantes de la encuesta es la asignación directa de responsabilidades. Ante la pregunta sobre quién es el principal responsable de la situación del país, el 51% señala al presidente Daniel Noboa, por encima de factores como la corrupción (47%) o el crimen organizado (39%).
El dato refleja un desgaste político acelerado del Ejecutivo, que ya no logra desplazar la responsabilidad hacia factores estructurales o heredados. La crisis, para la mayoría, tiene rostro político.
Seguridad y economía: las urgencias ciudadanas
La principal preocupación de los ecuatorianos es la inseguridad y el avance del crimen organizado, señalada por el 40% de los encuestados. Le siguen la falta de inversión (21%), la corrupción (18%) y el desempleo (17%).
La agenda ciudadana aparece claramente definida y distante de debates discursivos o simbólicos: seguridad, empleo e ingresos concentran la atención, en un contexto donde la percepción de resultados es baja.
Imagen presidencial en retroceso
La encuesta también muestra un deterioro significativo de la imagen presidencial. El 60% tiene una opinión negativa del presidente Noboa, mientras solo el 20% mantiene una valoración positiva. El otro 20% se ubica en una posición neutral.
Este nivel de rechazo limita la capacidad del Ejecutivo para liderar reformas, sostener discursos de orden o capitalizar políticamente decisiones impopulares, en un escenario donde la credibilidad se convierte en un factor central.
Liderazgos locales mejor posicionados
En contraste con el Gobierno nacional, algunos liderazgos locales registran mejores niveles de aceptación. Los alcaldes de Guayaquil, Aquiles Álvarez (51% de imagen positiva), y de Cuenca, Cristian Zamora (56%), superan ampliamente al Ejecutivo en aprobación.
El dato sugiere un desplazamiento de la confianza ciudadana hacia lo local, mientras el poder central enfrenta mayores niveles de desgaste y desconfianza.
Economía cotidiana: menos dinero en los hogares
El impacto económico también se refleja en la vida diaria. El 60% de los hogares reportó un presupuesto navideño menor al del año pasado, lo que confirma un proceso de empobrecimiento y menor capacidad de consumo. Apenas el 8% indicó haber gastado más.
Este factor contribuye al malestar general y reduce la tolerancia social frente a ajustes económicos o medidas impopulares.
Consulta Popular: una derrota política y comunicacional
Sobre la reciente Consulta Popular, el 60% considera que deben respetarse los resultados, mientras que las razones de la derrota del Gobierno se concentran en la incoherencia del discurso oficial (40%) y la falta de claridad en las propuestas (21%).
Los datos refuerzan la lectura de que la derrota no fue técnica, sino política y comunicacional, evidenciando una desconexión entre el mensaje del poder y la percepción ciudadana.
Derechos humanos y sensibilidad social
Casos de alto impacto también pesan en la percepción ciudadana. En el caso de la muerte de los niños de Las Malvinas, la mayoría atribuye responsabilidades a militares involucrados, a la política de “mano dura” o al conjunto del Estado. En el caso de la niña achuar entregada en una caja de cartón, el 40% lo asocia a incapacidad del Gobierno y el 37% a la crisis del sistema de salud.
Estos episodios han erosionado el discurso de orden y control, elevando la sensibilidad social frente a violaciones de derechos y fallas estatales.
Un 2026 cuesta arriba
El conjunto de datos dibuja un escenario complejo para el inicio de 2026: malestar social instalado, liderazgo presidencial debilitado y una ciudadanía crítica que demanda resultados concretos. La encuesta confirma que los discursos ya no alcanzan, y que la gobernabilidad enfrenta límites cada vez más estrechos. Fin








