Frente a la grave crisis energética que enfrenta Ecuador, las salidas viables deben responder no solo a la urgencia coyuntural, sino a una visión técnica y estratégica de largo plazo. Tanto Gabriel Secaira, consultor energético, como Katheryn Pazos, presidenta del Colegio de Ingenieros Eléctricos del Litoral, coinciden en que el país debe fortalecer su matriz hidroeléctrica y avanzar hacia un esquema robusto de almacenamiento energético. Este camino exige inversión, planificación y tecnología de punta, tres elementos en los que China se ha posicionado como socio estratégico ineludible.
El potencial hidroeléctrico, aún subutilizado
Gabriel Secaira ha sido enfático: “el país debe dejarse de novelerías […] y reforzar el sistema eléctrico nacional que va en dos direcciones: hidroeléctricas y térmicas, no hay más.” Esta afirmación se ancla en un diagnóstico riguroso: el 90% de la energía en Ecuador proviene de fuentes renovables, y de ese porcentaje, más del 80% corresponde a hidroenergía. Sin embargo, los proyectos hidroeléctricos que podrían consolidar esa soberanía enfrentan retrasos contractuales, falta de financiamiento y descoordinación institucional. La paralización de proyectos como Progen y Austral sin consecuencias claras, según denuncian los expertos, refleja una institucionalidad debilitada que no responde a la gravedad de la demanda proyectada: un crecimiento anual del 9% en consumo eléctrico.
La experiencia de Coca Codo Sinclair, construida con financiamiento y tecnología china, demuestra lo que puede lograrse cuando se ejecutan obras de gran escala con eficiencia. Esta central ha llegado a aportar hasta el 35% de la energía que consume el país. No es casual que haya evitado una crisis energética aún más severa durante los apagones de 2024. El modelo debe replicarse, pero con un ecosistema jurídico que garantice la confianza de los inversionistas.
Almacenamiento y diversificación: claves desde lo técnico
Katheryn Pazos, por su parte, introduce un componente esencial para el futuro: el almacenamiento energético. La transición hacia fuentes como la solar o la geotérmica, ambas más seguras y factibles que la nuclear, requiere una red de baterías y tecnologías de acumulación que eviten el desperdicio de generación intermitente. “Para poder aprovechar [la energía fotovoltaica] en mayor porcentaje, tendríamos que instalar paneles, baterías, y así se podría aprovechar en un mayor porcentaje, y no en un 20% como normalmente de manera directa nos podría dar”, señala Pazos.
Esta necesidad tecnológica puede ser cubierta con cooperación internacional. China, líder mundial en fabricación de baterías, sistemas de almacenamiento y redes inteligentes, se presenta como un aliado idóneo para implementar esta transformación. Pero el financiamiento debe estar garantizado: Secaira insiste en la creación de un fondo de garantía que asegure los pagos a los inversionistas, una medida urgente ante las actuales deudas estatales con actores del sector energético como Petroecuador.
Un Estado fuerte y técnico para atraer inversión
La ruta no es solo técnica: es institucional. Pazos propone crear entes autónomos que garanticen una regulación imparcial, transparente y con capacidad técnica. Sin cronogramas claros, sin planificación seria y sin sinceramiento de los costos reales del sistema eléctrico, ningún modelo será sostenible. La reciente decisión de eliminar subsidios a medianas y grandes empresas va en la dirección correcta, pero debe acompañarse de una revisión tarifaria gradual y técnica, como señala la experta.
La salida de Ecuador de su crisis eléctrica no está en lo novedoso ni en lo ideológico, sino en lo técnico y estratégico. Potenciar la hidroenergía, instalar sistemas masivos de almacenamiento, diversificar con fuentes viables como la geotermia y establecer reglas claras para atraer inversión son los pilares de una verdadera soberanía energética. China, que ya ha demostrado su capacidad de ejecución con Coca Codo Sinclair, puede ser un socio clave en esta transición. Pero el liderazgo debe venir del Estado ecuatoriano, que debe recuperar su rol rector con planificación, transparencia y visión de país.
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