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Coca Codo Sinclair: 10 años produciendo y por otros 50 más

Luego de la noticia de que la empresa Sinohydro solicitó al Estado ecuatoriano la recepción definitiva de la central hidroeléctrica Coca Codo Sinclair, algunos medios de comunicación y personas particulares han generado alarmas innecesarias, comparando la situación con los casos de las empresas ATM y Progen. Las intenciones políticas son evidentes para intentar equiparar dos realidades radicalmente diferentes.

Coca Codo Sinclair ha estado operando de manera continua y generando electricidad durante aproximadamente diez años, pese a voces de alertas que nunca se han cumplido como de una supuesta explosión o de fallas que no permitirían operar o que no se ha alcanzado la capacidad instalada. Muestra evidente para los ecuatorianos es que incluso en las épocas de crisis, Coca Codo Sinclair ha operado y ha tenido el reconocimiento de expertos en cuanto a su presencia vital en el sistema eléctrico del país. Sin Coca Codo Sinclair, los apagones hubieran sido aún mayores.

Pero la evidencia sigue chocando con narrativa antojadiza. En una década, ha aportado entre el 25% y 30% de la energía que consume el país, consolidándose como la planta hidroeléctrica más importante del Ecuador. Su funcionamiento no ha dependido de recepciones administrativas, sino de su capacidad real de producir energía día tras día.

Uno de los mitos que ha circulado es que la central no ha operado a su máxima capacidad instalada, insinuando con ello algún problema técnico o constructivo, sin embargo, en varias ocasiones y ante la necesidad del órgano operador CENACE, la central ha generado a máxima capacidad, considerando que la generación real depende de factores hidrológicos como el caudal del río Coca, la demanda del sistema eléctrico nacional y los mantenimientos programados. Coca Codo Sinclair ha entregado la energía que el país ha requerido, dentro de los parámetros técnicos esperados para una obra de esta magnitud.

Otro señalamiento recurrente sugiere que, al no haberse recibido formalmente la obra, existe un riesgo de que la central esté deteriorada o que su funcionamiento sea deficiente. Lo que no se menciona es que el Estado ecuatoriano ha estado operando y manteniendo la central durante todo este tiempo, con sus propios equipos técnicos. La producción estable y continua es la mejor evidencia de que la infraestructura se encuentra en condiciones operativas esperadas. La recepción formal no corrige defectos inexistentes; simplemente cierra una etapa contractual pendiente dentro de una negociación realizada desde el Gobierno Nacional que evidencia el compromiso de encontrar soluciones y fortalecer el desarrollo del país, con inversión extranjera de valor y garantías del óptimo manejo de la central.

Entonces, ¿qué significa realmente el pedido de Sinohydro? No es una amenaza de abandono ni un reclamo por vicios ocultos. Es el paso natural en cualquier contrato de ingeniería, construcción y suministro: la empresa contratista solicita que el contratista (el Estado) verifique que la obra fue ejecutada según lo pactado y proceda a recibirla formalmente para liberar garantías y cerrar obligaciones. Este proceso se ha demorado más de lo razonable, y lo que hay es un plazo para cumplir, no para paralizar la central.

Lo que el país necesita ahora no es caer en alarmismos ni en comparaciones infundadas. Lo que se requiere es un equipo con la experiencia técnica adecuada para liderar la recepción: profesionales especializados en grandes hidroeléctricas, conocedores de estándares internacionales de recepción de obras, capaces de revisar la documentación, verificar el estado de los equipos tras una década de operación y suscribir un acta con pleno conocimiento de causa. La recepción no es un acto político; es un procedimiento técnico que permite que el Ecuador se proyecte a futuro en las condiciones que busca el nuevo país.

Aclarado lo anterior, es justo decir que la central no ha estado exenta de desafíos. Como toda megaobra, ha tenido eventos de mantenimiento, algunos deslizamientos en vías de acceso y ajustes operativos. Pero de ahí a equipararla con procesos en curso sobre ATM o Progen hay una distancia enorme. Coca Codo Sinclair produce energía hoy. Ese es un hecho verificable e inobjetable.

El pedido de Sinohydro debe ser atendido con responsabilidad, no con temor. Ecuador tiene la oportunidad de cerrar correctamente el capítulo de construcción de su principal central hidroeléctrica, asegurando que la recepción se haga con criterio técnico, no político. La central ya ha demostrado su utilidad durante diez años. Ahora falta dar el paso final con profesionalismo. No recibir la obra por mitos o comparaciones falsas sería hacer un daño al Ecuador. FIN

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