Ecuador enfrenta nuevamente un periodo crítico de estiaje entre agosto de 2025 y marzo de 2026. La tendencia descendente de lluvias desde mayo —advertida por el Instituto Nacional de Meteorología e Hidrología (INAMHI)— anticipa un escenario de reducción de caudales en los principales ríos del país, lo que afecta directamente a un sistema eléctrico altamente dependiente de fuentes hidroeléctricas. En años normales, la hidroelectricidad cubre cerca del 90 % de la demanda nacional; en periodos secos, esta participación puede caer abruptamente, generando déficits que deben ser cubiertos con fuentes térmicas, importaciones o cortes programados.
El estiaje entre septiembre y noviembre de 2024 fue el más severo en seis décadas, según registros oficiales. La falta de lluvias redujo el aporte de embalses clave como Paute, Mazar y Sopladora, mientras Colombia —habitual proveedor de energía en época seca— suspendió sus exportaciones por problemas internos. Como resultado, Ecuador implementó racionamientos de hasta 14 horas diarias en varias provincias. El operador CENACE calificó el sistema como uno de “riesgo permanente de déficit”.
De mantenerse las condiciones actuales, expertos del sector eléctrico estiman que la demanda máxima podría alcanzar los 5 300 MW hacia finales de 2025. Sin nuevos proyectos en operación ni importaciones garantizadas, el déficit podría superar los 1 000 MW. Aunque el Gobierno ha declarado como prioritaria la atención al sistema eléctrico, las soluciones estructurales —como nuevos ciclos combinados, líneas de transmisión internacionales y energías renovables— aún requieren varios años de desarrollo.
En este contexto, la central hidroeléctrica Coca Codo Sinclair (CCS) ha sido, desde 2016, un componente fundamental para sostener el abastecimiento eléctrico nacional durante los estiajes. Su capacidad instalada y disponibilidad técnica le han permitido generar entre el 25 y el 30 % de la electricidad nacional en promedio, y cubrir hasta el 57 % de la generación hidroeléctrica en momentos de mayor exigencia.
Durante el estiaje de 2023, Coca Codo Sinclair logró un récord de producción: 7 078 GWh hasta el 19 de noviembre, en plena época seca amazónica. Su aporte fue clave para compensar la baja producción de otras centrales y evitar cortes de gran escala. Este desempeño fue posible gracias a la operación simultánea de sus ocho turbinas y a caudales manejables en la cuenca del Coca.
Para enfrentar el próximo estiaje, el Gobierno ha hablado de reactivar 200 MW de generación térmica y ha proyectado incorporar 403 MW adicionales. También se prevé la entrada de nuevas centrales como Salitral, Quevedo III y Esmeraldas III antes de septiembre. En el mediano plazo, está prevista la finalización de Toachi-Pilatón (254 MW) y el desarrollo de interconexiones con Perú. A largo plazo, se plantea diversificar la matriz energética con proyectos solares, eólicos y sistemas de almacenamiento hídrico multipropósito.
El sistema eléctrico ecuatoriano se acerca a un nuevo estiaje con alta exposición al riesgo. Coca Codo Sinclair ha demostrado ser eje técnico y operativo en las etapas más críticas de años anteriores, permitiendo sostener la oferta energética cuando otras centrales han reducido su producción. Sin embargo, su reciente salida por sedimentos y la falta de reservas térmicas confiables evidencian la necesidad urgente de diversificación y planificación. Si bien Coca Codo Sinclair seguirá siendo un activo indispensable para el país, el sistema eléctrico no puede depender exclusivamente de una sola central ante escenarios de estrés climático y creciente demanda.








