Las cárceles de Ecuador se han convertido en un escenario de hambre, enfermedades y violencia sistemática que, según el investigador Jorge Núñez, podría anticipar prácticas de control social que luego se extiendan al resto de la población. El experto sostiene que la privación de alimentos, la precariedad sanitaria y las agresiones dentro de los centros penitenciarios no responden únicamente al abandono estatal, sino a una lógica de castigo y sometimiento basada en el terror.
Núñez señala que la crisis carcelaria se refleja en los casos de desnutrición, tuberculosis y el deterioro extremo de la infraestructura penitenciaria. A su criterio, la falta de comida y atención médica adecuada se ha convertido en un mecanismo de presión contra los internos, incluidos opositores y presos políticos. “La población penitenciaria en Ecuador es torturada por el Gobierno y por las organizaciones criminales”, afirmó.
El analista advierte que las cárceles dejaron de ser únicamente territorios controlados por grupos criminales y pasaron a consolidarse como espacios donde se aplica una política de crueldad sistemática. En este contexto, sostiene que la rehabilitación social ha sido reemplazada por un modelo disciplinario autoritario, donde se normaliza la deshumanización de las personas privadas de libertad y se prioriza el castigo por encima de cualquier proceso de reinserción.
Para Núñez, el mayor riesgo es que estas prácticas no permanezcan dentro de los centros penitenciarios. El experto alerta que las tácticas de control violento utilizadas en las cárceles suelen trasladarse posteriormente a barrios populares y otros sectores de la sociedad, profundizando el deterioro institucional y la vulneración de derechos humanos en el país.








