Un trastorno del sistema vestibular, often malentendido y subdiagnosticado, puede tardar años en ser identificado correctamente, impactando severamente la calidad de vida y aumentando el riesgo de caídas.
¿Alguna vez ha sentido que el suelo se mueve o que la habitación gira estando quieto? Esta poderosa ilusión de movimiento, conocida como vértigo, no es una enfermedad en sí misma, sino un síntoma de que el complejo sistema que controla nuestro equilibrio—el sistema vestibular—ha fallado.
Ubicado en el oído interno, este sistema es una red delicada que trabaja con la visión y los músculos para decirle al cerebro nuestra posición en el espacio. Cuando se altera por infecciones, inflamaciones o cambios físicos, las señales se distorsionan y el cerebro se confunde, desatando episodios de vértigo.
«El vértigo crea una poderosa ilusión de movimiento: como si tú o el mundo que te rodea estuvieran girando. Esta sensación puede llegar repentinamente y dificulta caminar, conducir o incluso quedarse quieto», explica el Dr. Álvaro Rojas, director médico de Abbott en América Latina.
Una travesía larga hacia el diagnóstico
A nivel global, el vértigo impacta aproximadamente al 10% de la población. Sin embargo, su camino al diagnóstico es largo y frustrante. En promedio, los pacientes realizan 8 visitas al hospital antes de recibir un diagnóstico preciso. El tiempo entre el primer síntoma y un diagnóstico confirmado puede extenderse desde 19 meses hasta casi 6 años.
Este retraso tiene consecuencias tangibles. Los síntomas aumentan hasta 12 veces el riesgo de sufrir caídas y fracturas, una complicación particularly grave para los adultos mayores.
Causas y esperanza en el tratamiento
Las causas más comunes incluyen el Vértigo Posicional Paroxístico Benigno (VPPB)—donde unos pequeños cristales en el oído se desprenden—, así como laberintitis o neuronitis vestibular por infecciones virales. Estos problemas son de dos a tres veces más frecuentes en mujeres.
La buena noticia es que el vértigo es tratable. Un médico puede realizar pruebas para identificar el origen y desarrollar un plan personalizado que puede incluir:
- Rehabilitación vestibular: Fisioterapia para reentrenar al cerebro.
- Tratamiento farmacológico.
- Maniobras de reposicionamiento (para el VPPB).
- Ajustes en el estilo de vida para manejar desencadenantes como el estrés o la falta de sueño.
«Ayudar a las personas a reconocer los signos y buscar orientación médica es un primer paso crítico. Una vez diagnosticadas, muchas pueden controlar sus síntomas y volver a las cosas que disfrutan», concluye el Dr. Rojas. Recuperar el equilibrio significa recuperar la confianza para seguir adelante.








