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La Navidad pasa factura: uno de cada cuatro hogares sufre estrés y endeudamiento

Quito, diciembre de 2025. La temporada navideña, tradicionalmente asociada a celebración y encuentro familiar, se ha convertido también en una de las épocas más complejas para el bienestar financiero y emocional de los hogares. Se estima que el gasto promedio por persona oscila entre los 500 y 1.000 dólares, una cifra que refleja cómo los hábitos de consumo, influenciados por factores culturales y emocionales, presionan las economías familiares.

Para Leticia Poole, profesora de Economía y Empresa de la Universidad Europea, el último trimestre del año concentra cerca del 25 % de las ventas anuales globales en bienes de consumo. “Campañas como Black Friday y los descuentos navideños generan una sensación de urgencia que eleva el consumo privado, pero también fomentan la dependencia del crédito, especialmente en uno de cada cuatro hogares”, advierte.

Desde el ámbito psicológico, Oliver Serrano, director del Máster en Psicología General Sanitaria de la Universidad Europea de Canarias, explica que la Navidad despierta emociones ambivalentes. “Evoca alegría, nostalgia y gratitud, pero también estrés, comparaciones sociales y sensación de insuficiencia. Todo ello puede derivar en compras impulsivas para cumplir expectativas propias o externas, amplificadas por las redes sociales”, señala.

La exposición constante a imágenes idealizadas —decoraciones perfectas, regalos costosos o viajes de ensueño— incrementa el gasto no planificado y refuerza la presión social por consumir. Sin embargo, ambos expertos coinciden en que disfrutar de las fiestas no debe implicar endeudarse ni sacrificar la salud emocional.

Entre las recomendaciones, Poole sugiere establecer un presupuesto navideño, priorizar el pago en efectivo y planificar compras con antelación. Serrano, por su parte, destaca la importancia de entrenar la gratitud, resignificar el acto de regalar y fomentar dinámicas familiares alejadas del consumo desmedido.

Existen también señales positivas en las tendencias actuales. Cada vez más personas optan por regalos sostenibles, experiencias compartidas o consumo local, alternativas que reducen el impacto económico y fortalecen el tejido social. “El auge del consumo responsable demuestra que es posible celebrar de una forma coherente con nuestros valores”, afirma Poole.

En la misma línea, Serrano añade que “regalar tiempo, experiencias o detalles personalizados fortalece los vínculos y reduce el desgaste emocional que acompaña la búsqueda del regalo perfecto”. En un contexto económico desafiante, marcado por el aumento de precios, los especialistas coinciden en que el cambio hacia un consumo más consciente no solo es posible, sino necesario.

“La clave está en distinguir entre necesidad y deseo, y recordar que la verdadera conexión navideña no depende de cuánto gastamos, sino de cómo y para qué lo hacemos”, concluye Poole. Fin

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