En un momento de redefinición global de las matrices energéticas, Ecuador se consolida como un actor clave en la transición hacia un modelo basado en energías limpias. Su liderazgo en hidroenergía, con centrales emblemáticas como Coca Codo Sinclair, ha sido probado incluso en contextos de crisis hídrica extrema, cuando el sistema ha demostrado resiliencia y capacidad de respuesta. Este activo estratégico posiciona al país como referente regional y lo proyecta como plataforma para nuevas inversiones en renovables, almacenamiento energético y tecnologías complementarias.
Durante el evento ENERGreen Talks 2025, realizado en Quito con la participación de expertos de la academia, organismos multilaterales, gobiernos y empresas del sector, Fitzgerald Cantero, director de Estudios, Proyectos e Información de la Organización Latinoamericana de Energía (OLADE), ofreció un diagnóstico certero sobre el momento histórico que atraviesa la región: América Latina genera el 73% de su electricidad a partir de fuentes renovables, una cifra sin precedentes que revela tanto la madurez tecnológica como el potencial aún por aprovechar.
Ecuador forma parte de este selecto grupo de países con más del 70% de generación renovable y ha empezado a transitar caminos clave hacia el futuro energético: la descentralización de la generación, la modernización del marco regulatorio y, sobre todo, el impulso al almacenamiento como eslabón indispensable para la estabilidad y la expansión de las fuentes intermitentes como la solar y la eólica.
“Podemos generar energía, pero esta debe llegar a donde está la demanda. Por eso, junto a la transmisión, el almacenamiento se vuelve fundamental”, enfatizó Cantero, aludiendo a los recientes apagones en Europa como ejemplo de los desafíos que implica una matriz con alta penetración renovable sin infraestructura de respaldo.
La mención del almacenamiento no es menor. En un país como Ecuador, con estaciones marcadamente secas y lluviosas, las baterías y otras tecnologías de almacenamiento permiten gestionar eficientemente los excedentes energéticos y responder ante picos de demanda o fallas del sistema. Pero esta revolución técnica no será posible sin una transformación paralela en las políticas públicas y en el modelo de inversión.
Cantero subrayó que, para atraer capital privado, es necesario crear un ambiente de confianza, con reglas claras, incentivos adecuados y, sobre todo, licencias sociales. Es decir, proyectos que cuenten con el respaldo y la participación de las comunidades donde se emplazan, y que generen beneficios locales tangibles, como empleo y desarrollo.
En ese sentido, el caso ecuatoriano resulta alentador: avances recientes en la legislación permitirán ampliar la generación distribuida de hasta 10 MW a un umbral de hasta 100 MW, una señal clara de apertura hacia esquemas más flexibles de producción y autoconsumo energético. Esto es clave no solo para el sector industrial o comercial, sino también para diversificar la oferta energética en zonas rurales o de difícil acceso.
Asimismo, la interconexión regional —otro de los pilares que puntualizó el representante de OLADE—, puede transformar los sistemas eléctricos nacionales en redes solidarias, capaces de compensar déficits locales con excedentes vecinos. Ecuador, por su ubicación estratégica, podría convertirse en un nodo de exportación de energía limpia hacia países vecinos, fortaleciendo su rol como hub energético andino.
No obstante, la transición energética también implica desafíos culturales. La movilidad eléctrica, por ejemplo, crecerá a un ritmo acelerado —las ventas en la región se triplicaron en apenas dos años—, pero requerirá un cambio en los hábitos de consumo y en la infraestructura de carga. De poco sirve tener autos eléctricos si la energía que los alimenta proviene de fuentes fósiles o si la red no es capaz de sostener la demanda.
Por eso, Ecuador necesita mantener y ampliar su liderazgo hidroeléctrico, pero también diversificar hacia otras tecnologías renovables, desarrollar almacenamiento, atraer inversión privada y consolidar un modelo inclusivo y resiliente.
La lección que deja la experiencia ecuatoriana, y que ENERGreen Talks 2025 puso sobre la mesa, es clara: la transición energética no se trata solo de cambiar fuentes, sino de rediseñar todo el sistema. Ecuador tiene el conocimiento, el potencial y ahora también el impulso político para ser un ejemplo de transformación energética justa, sostenible y estratégica en la región.
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